ZUERA ESCENA – Festival de Otoño 2020

“Voy por la angosta senda de la caballería andante, por cuyo ejercicio desprecio la hacienda, pero no la honra (…)
Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a todos y mal a ninguno.” Capítulo XXXII.

En un lugar de Zuera, cuyo nombre y de forma especial, recordamos los sábados, un hidalgo de los de palabra en lanza, Cipriano Lodosa, cual caballero andante, eleva el estandarte de la justicia con su magnífica interpretación.

Un Don Quijote alza la voz ante las miserias de nuestra sociedad; al lado su fiel escudero, Francisco Sagredo, y su vihuela, forjando el contrapunto cómico. El desarrollo de la creación del personaje, lleno de vericuetos, ilusiones y alucinaciones es una senda sinuosa por donde discurren los fragmentos del texto junto a las razones que el actor esgrime con precisión.

Un canto a los valores de la amistad, la libertad y la honradez ofrecen una incierta luz de esperanza, frente a un mundo mezquino que denuncia y resuelve de manera muy personal el intérprete de Don Alonso Quijano.

Hay mucha verdad en el reflejo de una humanidad, caterva insensibilizada ante la sinrazón, que apenas ha cambiado desde el Siglo de Oro hasta nuestros días. Y ese deseado despertar es una de las más relevantes lecturas por donde el actor nos encauza.

Para finalizar, una vez recuperada la cordura (que bien pudiera ser la metáfora universal de la locura más lúcida de todo tiempo): la muerte, ¿inesperada?, de Alonso Quijano. Siempre la muerte lo es.

Anduvo el quijote-actor dichoso de adamar los términos antiguos y el agradecimiento: “Entre los pecados mayores que los hombres cometen, aunque algunos dicen que es la soberbia, yo digo que es el desagradecimiento.” Capítulo LVIII.

Expresada queda nuestra gratitud para la Compañía Sapo Producciones, que prosigue su camino, porque hay muchos agravios que deshacer y muchísimos entuertos que enderezar.

Mar Blanco.
Concejala de Cultura.

#laculturaessegura

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